Publicado el 10/06/2025 por Administrador
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En una audiencia sin precedentes transmitida en vivo desde el Tribunal Supremo Federal de Brasil, el expresidente Jair Bolsonaro compareció por primera vez este martes para defenderse de las acusaciones de haber orquestado un intento de golpe de Estado tras su derrota electoral en 2022. Durante más de dos horas, el exmandatario negó rotundamente cualquier intención golpista y aseguró que siempre actuó dentro del marco constitucional.
“Jamás se pensó en un golpe durante mi gobierno. Un golpe es algo abominable”, afirmó Bolsonaro ante los jueces, aludiendo a los planes que, según la Fiscalía, habría trazado junto a su círculo cercano para mantenerse en el poder por vías ilegítimas. El juicio lo enfrenta a cargos de conspiración para abolir el Estado de derecho, asociación criminal y daño agravado al patrimonio público.
Bolsonaro sí admitió haber discutido con asesores posibles “alternativas dentro de la Constitución” ante el resultado electoral que otorgó la victoria a Luiz Inácio Lula da Silva. Entre ellas, mencionó el despliegue de tropas o la restricción de derechos civiles, aunque insistió en que estas opciones fueron descartadas al no contar con respaldo militar suficiente.
Con tono desafiante pero por momentos distendido, Bolsonaro se dirigió al juez relator Alexandre de Moraes —a quien ha criticado duramente en el pasado— bromeando que lo consideraría como su “compañero de fórmula para 2026”. El comentario generó una leve sonrisa en el magistrado, pero no desvió la seriedad del proceso.
El exmandatario también se retractó de anteriores acusaciones sin pruebas, como la supuesta manipulación del sistema electoral por parte de jueces del Supremo. “Me excedí, fueron declaraciones retóricas”, reconoció.
Asimismo, negó haber tenido conocimiento del borrador de un decreto que proponía intervenir el sistema electoral con apoyo militar. “Me enteré por la prensa”, afirmó, intentando desligarse de documentos clave en la acusación.
Sobre los disturbios del 8 de enero de 2023, cuando cientos de sus simpatizantes invadieron el Congreso, el Tribunal Supremo y el Palacio del Planalto, Bolsonaro calificó a los responsables como “locos”, negando haberlos incitado o coordinado. “Eran personas fuera de sí, no conspiradores”, sentenció.
El caso es considerado histórico en Brasil: por primera vez, un expresidente y varios altos mandos militares enfrentan cargos en un tribunal civil por presunta conspiración contra el Estado democrático. El proceso simboliza el cierre de una etapa turbulenta en la política brasileña, apenas cuatro décadas después del fin de la dictadura militar.
Tras su testimonio, las partes disponen de cinco días para presentar nuevas pruebas o alegatos. Se prevé que la sentencia sea emitida en la segunda mitad del año, y de ser hallado culpable, Bolsonaro podría enfrentar una condena que lo inhabilitaría políticamente e incluso lo enviaría a prisión.
Este juicio pone a prueba no solo la figura de Jair Bolsonaro, sino también la solidez institucional del sistema democrático brasileño, que se enfrenta al reto de juzgar a quien encabezó el país durante cuatro años y ahora busca limpiar su nombre para volver a la arena política.